Solo tengo corazón para pedir
en esta Navidad por una verdad desesperante:
Por los pueblos, los míos, los tuyos, gente inconsciente
los pueblos en receso, los pueblos en proceso de extinción
en hiriente actitud de maldiciones que ostentan el poder
con ojos desorbitados los adictos, los extraviados
con tosca contorsión huracanada, los países que vivirán
en los próximos años la devastación
Con fangos de oleajes las playas donde millones se tostaron
para aparentar un color que no se les dió
Con verguenza, de odio y de ignominia los millones
que se creyeron merecedores de lo que con esfuerzo trabajaron
para lograr crear sus empresas muchas de esas que
por destruir el planeta, desaparecerán
Espectable crujir de manos trémulas que intentaron
agredir, violar, asesinar, robar, controlar a sus iguales
de humanidad y diferentes de espiritualidad
Cercanos aullidos, violentas teas hambrientas de incendiario
sino son el final donde terminarán todos los que hambre
pasarán, los que no tendieron su mano con generosidad
Las liviandades, los excesos, la insospechada sociedad cautiva
del apego a una apariencia, a una moda, a lo que ofrece
el mercado material, con su red de egoismos, de avaricia
de codicia, de mezquino vivir y de afrentosos perfumes por
salones prohibidos siempre de espaldas al hermano triste
con la bota en su boca, en su palabra, y en su azarosa
condición sombría que estallará como impotente esclusa
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